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Reseña en Mobymelville

septiembre 11, 2010

Mobymelville.

Los Premios Ignotus están a la vuelta de la esquina. Para quien no los conozca, podríamos llamarlos unos oscars de libros y, más que sofisticados, caseros, destinados a la literatura fantástica. Sin alfombra roja. Sin cámaras de televisión emitiendo en directo para nosecuántos países. Creo que a la cita de este año no acudirán ni Eva Mendes, ni Angeline Jolie, ni Halle Berry, ni Scarlett Johanssohn. No son los oscars, ni falta que hace. En el apartado de Mejor Novela en Castellano, yo propondría una que, si no recuerdo mal, salió a la venta en diciembre de 2009: Venus Decapitada de Sergio Parra.

Siento afinidad por este tipo de propuestas. Porque a estas alturas de la película, aún hay quienes entienden la literatura fantástica como un subgénero. Ya saben. Género y sub-. Campo acotado con unas vallas bien delimitadas. Loa del personaje plano. Narración al servicio de una idea (una sociedad utópica futura, un universo claustrofóbico de terror, cosas así) en el mejor de lo casos, y en el peor, al servicio de un carrusel locuelo, demasiado adolescente (también se lo saben, de memoria: príncipes espaciales rescatando cosmológicas princesas en unas galaxias atiborradas de híbridos que surgieron del cruce genético de dragones con orcos). Y no es que revolcarse en el barro esté mal. A mí también me divierte. Pero hay otras cosas. La literatura fantástica ha sido, desde que alguien empezó a escribir, bastante más que eso.

La novela de Parra no sabe de etiquetas, lo que está muy bien. Son maravillosos esos libros que uno no sabe dónde encajan exactamente. Ni el crítico tiene claro en qué casilla lo sitúa ni el librero en qué estantería lo debe colocar. La propuesta argumental -los inicios de una hipotética y delirante guerra de sexos- se intuye como un Macguffin que permite desarrollar una historia y unos personajes atrapados por sus pulsiones, algunas tan escondidas como inimaginables. La narración la conforman varias micronovelas, historias que encajan unas dentro de otras y de tono muy diferente. La manera en que está contada la filmación de una película porno es tan descacharrante como los fines que persigue esa peculiar producción cinematográfica. El recuerdo de una relación amorosa frustrada por parte del narrador abandona ese tono humorístico y bucea en un fondo melancólico en el que cualquiera puede reconocerse. Hay momentos esperpénticos, experiencias agobiantes, revelaciones que dan tal giro a la narración que provocan esos radicales cambios de color y de escenario.

A todos nos encanta, cuando hablamos de un libro, agarrarnos a alguna referencia conocida para hablar de él, como si con la comparación pudiéramos expresar de mejor manera qué hallamos durante su lectura. El procedimiento tiene mucho de mentira, enreda más que aclara. Yo, como no, también lo voy a hacer. No se me iba de la cabeza Palahniuk y su Club de la Lucha. Si bien aquí el club, más que peleado consigo mismo y con el mundo, lo está con el otro sexo.

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